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En este curso presentaremos y analizaremos en cuatro conferencias en primer lugar los primeros cultos de fertilidad conocidos en la Antigua Mesopotamia y la teoría sobre la posible existencia de una Diosa Madre ya en época prehistórica. Seguiremos con los cultos de Eleusis, los diversos cutos mistéricos orientales y su extensión a Occidente, y finalizaremos analizando a la diosa Ártemis/Diana y su especial relación con las mujeres, tanto griegas como romanas.
En esta conferencia se tratará de dar a conocer los resultados de las últimas actuaciones llevadas a cabo en el yacimiento arqueológico del Cerro de las Cabezas, situado en el término municipal de Valdepeñas (Ciudad Real). Se abordarán aquellos aspectos más interesantes de las intervenciones arqueológicas, tanto en contexto de excavación de dicho yacimiento, así como en los trabajos de restauración consolidación y musealización que se están realizando en este importante yacimiento. Asimismo, se tratarán aquellos aspectos más relevantes de las últimas publicaciones realizadas.
El Cerro de las Cabezas es un oppidum ibérico de unas 12 hectáreas, en donde se vienen realizando trabajos arqueológicos desde hace ya varias décadas. Las excavaciones están dejando al descubierto parte de su impresionante sistema defensivo, así como su urbanismo, y diversos edificios dedicados a tareas de almacenamiento, producción, de carácter religioso, etc.
Si hay dos civilizaciones de la Antigüedad Clásica cuyas aportaciones políticas y culturales han sido decisivas y aún siguen influyendo en el mundo occidental, esas han sido la griega y la romana. La UNED de Tudela ofrece un doble seminario en el que se analizarán dos de sus principales aportaciones: la democracia y el consitucionalismo, por parte de la civilización griega, y la política y organización municipal, por parte de la romana.
GRECIA
Seguramente, al pensar en el legado de las civilizaciones clásicas en general y de la griega en particular, la democracia y, sobre todo, una idea notablemente directa y participativa de aquélla se nos antoja como uno de los grandes préstamos de Grecia –a través de Clístenes (570-507 a. C.) y, sobre todo de Pericles (495-429 a. C.)– al pensamiento político occidental. Efectivamente, tras un periodo marcadamente oligárquico Atenas, no sin problemas ni reformas constitucionales constantes y, a veces, convulsas, generó un sistema político participativo que, además, contó con una serie de instrumentos de control que trataban de velar porque en el ejercicio del poder quienes lo detentaban tuvieran siempre en mente –para respetarlos– los ideales de igualdad, libertad y paz social que estimulaban la vida en esa realidad en parte física, en parte política y siempre antropológica y ética que fue la pólis.
El presente seminario, a partir de la información con que, al respecto, nos han obsequiado las fuentes antiguas –en particular los textos de Aristóteles (384-322 a. C.) aunque también algunos otros de grandes historiadores como Tucídides (460-396 a. C.), testigo directo del engrandecimiento de Atenas en el siglo V a. C.– hará un recorrido crítico sobre el concepto griego –pero sobre todo ateniense, de pólis–, sobre la historia constitucional que llevó a la propia Atenas a –amortizando la antigua monarquía de base oligárquica– convertir el modelo político con que se gobernó en, como dirá Tucídides, “una escuela para toda Grecia”. Lógicamente, ese análisis se detendrá no sólo en los que fueron los principales logros del sistema sino también en las que los propios griegos reconocieron como sus carencias y limitaciones, sus sombras y en el modo como sobre todo los primeros han dado el salto a la tradición política liberal contemporánea.
ROMA
Por su parte, Roma fue, esencialmente, un estado aristocrático. El aferramiento de la nobilitas tradicional a sus privilegios y la conversión de la clase senatorial en una cerrada oligarquía de carácter patricio que recelaba del poder de la plebe o de las clases medias y que caracterizó la política de la capital, de Roma, casi desde los tiempos monárquicos y, en particular, durante la forja del gran imperio territorial de Roma, encontró una suerte de apertura democrática en el modelo municipal que Roma exportó a las provincias. Con ensayos diversos desde el siglo IV a. C., fue a partir del siglo I a. C. cuando Roma entendió que, al menos en política exterior y como complemento a un muy bien diseñado aparato provincial, delegar la gestión de los asuntos locales en manos de la elite local era una vía para garantizar que esta superpotencia funcionara haciendo actual la relación entre el poder central –representado por el Senado y los cónsules en época republicana y por el Senado y el Princeps ya en época imperial– y la autonomía municipal un binomio que debe considerarse, junto a la maquinaria militar y cultural, uno de los grandes secretos del éxito del proceso que denominamos “Romanización”.
Fueron César (100-44 a. C.), primero, Augusto (63 a. C.-14 d. C.), después y, sobre todo, los emperadores Flavios (69-96 d. C.) quienes, como afirmara en época de Adriano el escritor Aulo Gelio, fueron capaces de articular los dominios imperiales de Roma en una red de ciudades que se presentaban como imágenes en miniatura –no sólo en aspecto y en facies cívica sino también en gestión constitucional– de Roma, de la propia capital. El proceso de extensión de ese modelo –que fue progresivamente ajustándose en formas constitucionales y en procedimientos y que descansó, básicamente, sobre el reconocimiento de la diversidad de soluciones políticas de las comunidades prelatinas y sobre la “convalidación” de aquéllas con los modelos romanos– tuvo en las provincias hispanas un escenario fundamental una vez que, de hecho, de ellas proceden los principales documentos materiales con que se nos informa sobre las instituciones, los retos y, también, los logros –muchas veces extraordinariamente próximos a nuestro tiempo– del modelo de administración local impuesto por Roma y que maduraría en los siglos del Alto Imperio.
Dado que el origen de nuestra Historia se reconoce que está en la antigua Mesopotamia, hoy arrasada por fanatismos y luchas intestinas, recorreremos las diferentes culturas, su inicio, las diferentes teorías, y sus principales personajes, así como sus diferentes aportaciones espirituales y materiales a Occidente.
El curso pretende indagar sobre la importancia del arte egipcio y su difusión a lo largo del tiempo en el Mediterráneo, analizando el significado de la iconografía egipcia. Trataremos temas singulares como las vías de comunicación marítimas que ponen en contacto a las distintas culturas de la Edad del Bronce en el Mediterráneo Oriental, conocidas también a través delos restos de naufragios, y también estudiaremos la iconografía egipcia y egiptizante en las artes menores del II milenio a.C. que atestiguamos no sólo en objetos hallados en el valle del Nilo sino también fuera del él. . La importante influencia del arte egipcio en el Mediterráneo continua durante el I milenio a.C., en especial junto con la expansión fenicia en el Mediterráneo Occidental, a través de la cual llegan objetos con iconografía egipcia a lugares muy distantes. Además rastrearemos la influencia egipcia en amuletos, escarabeos y otros objetos de época púnica hallados en Ibiza, que en gran medida son elementos fabricados por los artesanos ibicencos imitando la llamativa iconografía egipcia.
Este curso sobre religiones antiguas tratará sobre el concepto de iniciación que llevan los fieles de las denominadas «Religiones mistéricas» antiguas, los ritos secretos que se suponen y los diferentes cultos y sacerdotes de los diversos dioses jóvenes que sufren pasión, mueren, resucitan y con ellos sus fieles adoradores, inmortales igual que las divinidades a las que adoran.